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Gomer Ceballos

Lucha y canto desde la montaña

La vida de Gomer Ceballos en canciones
Gomer eligió estas canciones porque recogen las vivencias,
creencias y experiencia de su vida:

Nacido en el municipio de Cravo Norte (Arauca), Gomer Ceballos creció rodeado de arte, música llanera y lucha social, Desde una corta edad estuvo vinculado a diversos procesos de expresión artística y en el año 1996 se unió a la Juventud Comunista Colombiana y a la Unión Patriótica. No recibió clases de música, sino que aprendió de sus familiares cercanos y tomó el conocimiento de lo que veía en los parrandos llaneros, velorios de santos y los San Pascuales Bailones que se celebraban en su pueblo con cantadores, bandola, mandolina, arpa, cuatro y maracas. Su padre le enseñó las canciones tradicionales de la época:

 

“Allí en el llano, en la sabana, ese conocimiento se hereda. Se pasa del abuelo al padre, del padre al hijo y así sucesivamente (...) desde muy niño uno va recibiendo, no técnicamente clases de música ni nada de eso, sino que lo va absorbiendo (...)”. 

 

Cuando tenía cerca de 5 años empezó a tocar el cuatro y por primera vez se presentó ante un público en unas ferias y fiestas patronales. De ahí comenzó a ser contratado para presentarse en eventos. Recuerda con mucha alegría la primera vez que trabajó cantando en una boda: 

 

“Ese fue, como decimos los músicos, mi primer toque. Me acuerdo tanto que me pagaron $2.500. Con esos $2.500 me compré mi primer reloj”. 

 

Años después, participó en concursos y festivales departamentales y regionales y, luego de ganar casi todas las competencias en la categoría infantil, dejó de concursar y empezó a participar como “invitado especial”, a pesar de que tenía solamente 11 años. 

 

Como resultado de la arremetida del paramilitarismo y el terrorismo de Estado, Gomer empezó a ver cómo eran asesinados varios de sus compañeros militantes. Ante la brutal persecución política y las amenazas en contra de los movimientos de izquierda, decidió sumarse a la lucha armada. Cuando se encontraba en grado 9° ingresó al Décimo Frente “Guadalupe Salcedo” de las FARC-EP en Arauca, por lo que expresa “la mitad de mi vida, prácticamente, estuvo inmersa en el conflicto armado y político”. A pesar de la complejidad y dificultades de la vida guerrillera, jamás abandonó la música.

 

Sin embargo, la producción de música en la guerrilla no era sencilla. El acceso a las herramientas para grabar canciones era muy limitado, por lo que Gomer y otros músicos enviaban los borradores de sus canciones para que fueran grabadas por músicos profesionales de la sociedad civil y, al recibir la pista, se encargaban de grabar la voz en estudios improvisados. Con los años fueron consiguiendo programas de grabación y edición que les permitieron elaborar sus propias producciones, “claro está, no con la misma calidad sonora de un estudio de grabación, pero que no tenían nada que envidiarle, y menos en las condiciones tan difíciles en que las hacíamos”.

 

Gomer recuerda con gratitud la primera vez que grabó una canción al interior de la guerrilla. Contó con la colaboración de Mariana Páez, una compañera que disfrutaba de su música, quien le ofreció una grabadora de cassette que tenía y, en el mismo campamento, grabaron cerca de 10 canciones compuestas por él. Menciona que gracias a Mariana y a ese cassette que fue entregado a la emisora ‘Voz de la Resistencia’ fue posible que sus canciones fueran escuchadas por más personas: 

 

“Lógico, era muy mala la calidad del audio, pero hoy las escuchamos aún y son un archivo muy bonito, de mucha memoria, de reconstrucción de la sencillez y de lo que éramos nosotros”. 

 

Luego de la firma del Acuerdo de Paz en 2016, Gomer continuó componiendo y cantando. Para él, la música le ha dado el privilegio de ser representante y vocero de relaciones sociales y masas populares oprimidas. Con orgullo expresa que, como compositor, ha podido recoger experiencias y plasmarlas en sus canciones:

 

“La mayor dicha, el mayor logro para mí, es luego interpretar esa canción y (...) que quienes la escuchen se sientan identificados con lo que se expresa allí”.

 

En lo que respecta al proceso de implementación del Acuerdo de Paz, resalta que el arte ha hecho posible que esos procesos sanadores sean más llevaderos, y que la música, específicamente, ha resultado útil para facilitar el proceso de reconocimiento del otro y para la construcción de perdón y verdad. 

 

Refiriéndose a la coyuntura que afronta el país actualmente, Gomer destaca el estrecho nexo que existe entre el arte y la movilización social y su utilidad para elevar demandas y denuncias. Considera que ningún proceso puede desvincularse del arte y la cultura, y que la música es una valiosa herramienta de lucha, apropiada y necesaria para expresar el sentir de una sociedad:  

 

“El arte ha estado ligado de manera íntima con la movilización social. Vemos en las calles cómo va la gente expresándose con tambores, con consignas, con arengas. También con el canto, con la guitarra, con el instrumento, con el tambor, y con la rica variedad cultural que tiene nuestro país (...) Se hace uso de esa expresión artística para manifestarse y para la denuncia”. 


Por último, con relación a la música del conflicto armado, menciona que tiene mucho por contar porque “en cada canción y en cada composición hay una historia, y cada uno de los que hizo una canción —independientemente del bando— estaba expresando una idea, un sentir o una anécdota”. Por ello, estima que la recopilación y el estudio de la Biblioteca Musical resulta fundamental en el proceso de construcción de memoria y verdad que se está tejiendo en Colombia, pues “aún hay mucha verdad por contar”.

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